El despropósito de la web actual

loading La velocidad de transferencia de datos de nuestra conexión a Internet es mucho más rápida que hace poco más de una década, sin embargo la experiencia de navegación a través de la red no refleja tal realidad. Esto se debe a que el ancho de banda actualmente disponible es empleado para sobrecargar los páginas web con más y más cosas, las cuales casi siempre resultan ser bastante innecesarias y superfluas. Está de más decir que una mayor velocidad en la transferencia permite, por ejemplo, la posibilidad de disfrutar de fotografías de mayor calidad o resolución, ya sea que formen parte de la cabecera del sitio o como ilustración para el contenido en algún artículo, sin embargo también debemos tolerar, en contrapartida, anuncios, ventanas emergentes y un sin fin de tácticas de campañas publicitarias y elementos molestos que suelen resultar demasiado irritantes y moralmente indefendibles o cuestionables, medidas que al final de cuentas no logran hacer mucho por el beneplácito de los visitantes del sitio.
¿Ha notado usted cuantos sitios web le solicitan diariamente de forma casi desesperada e impositiva que se suscriba a su boletín de noticias? Un boletín que le harán llegar a través de su correo electrónico y que casi con total seguridad jamás volverá a leer después de haber inundado su bandeja de entrada con cupones de descuento para artículos que en realidad usted no necesita. Desafortunadamente esto no es la peor de las situaciones, la parte más intrincada de ello es que continuará recibiéndolo de forma indefinida y sin derecho de replica.
Cabe señalar que la basta mayoría de los recursos solicitados al momento de acceder al contenido de una página web no están relacionados directamente con la información a la que hace referencia, dado que muchos de los fragmentos de código —scripts— que han sido descargados tienen como único propósito el rastreo de los usuarios de la página. Tales «scripts» provocan una gran carga de trabajo sobre el procesador —CPU— ya que generalmente se encuentran ofuscados, es decir que están codificados de tal forma que dificultan su lectura, estudio o análisis. Por otra parte, el número de peticiones desde el ordenador o dispositivo móvil hacia cada uno de los servidores que los albergan provocan que el tiempo estimado de carga del contenido se vea afectado de igual modo, anulando casi por completo el posible grado de satisfacción o beneficio que significaría el poseer una conexión de alta velocidad. Además, si el dispositivo desde el cual nos encontramos accediendo por medio del navegador es de gama baja, o dada su antigüedad tiene una capacidad limitada, obtendremos el cuadro completo. Por favor permítame elaborar mucho más a detalle este punto. Un navegador de Internet requiere como elemento principal de un motor de renderizado que le permita interpretar el contenido de los archivos HTML, CSS y JavaScript que conforman los diferentes sitios web, aunada a la capacidad de permitir la visualización de otros tipos de documentos y la reproducción de archivos multimedia. Debido al incesante avance en las tecnologías web, los principales desarrolladores de navegadores —Microsoft, Mozilla y Google entre otros— incorporan, actualizan o rediseñan de forma constante y permanente dichos motores, convirtiéndolos cada vez en piezas de software mucho más complejas o sofisticadas pero al mismo tiempo en componentes que requieren de una mayor capacidad de procesamiento y recursos; lo que nos lleva al siguiente aspecto: actualmente los navegadores web son muy buenos en hacer de todo menos lo que principalmente deberían hacer o mejor dicho: la web es todo menos lo que en realidad debería ser. Para comprender mejor esta última frase es necesario recordar el propósito y diseño original que sentaron las bases del surgimiento de lo que hoy denominamos como Internet. La principal necesidad que se pretendía subsanar con la invención de la web a principios de la década de los 70’s era la de permitir la interconexión de diversas redes de computadoras que formaban parte de universidades, centros de investigación y agencias gubernamentales de los Estados Unidos, mismas que se encontraban geográficamente distantes entre si, posibilitando el intercambio de archivos, comunicaciones e información. A raíz de las amplias ventajas que este proyecto ofrecía aunada a la decisión tomada por parte del gobierno norteamericano de dejar de subvencionar su desarrollo, fue posible su total apertura o acceso al resto de sus ciudadanos en la primera mitad de la década de los 90’s y poco después al resto del mundo, quedando en manos de estos últimos su gestión y control. A finales de los 90’s, la web sufrió un cambio drástico como consecuencia de su masificación. Las grandes corporaciones y compañías dueñas de medios de comunicación vieron en esta invención una gran oportunidad de negocios lo que hizo posible el surgimiento de la web 2.0, hecho que acarreó como consecuencia directa el control y gestión de la misma cambiara una vez más a favor de estos. Desde entonces la «súper carretera de la información» pasó de esto a una mega autopista infestada por anuncios publicitarios, a la televisión de la nueva generación, casinos online y amplios ecosistemas que proliferarían en lo que conocemos como redes verdaderos estercoleros sociales.
Billboards on highway
Anuncios publicitarios en la autopista
advertising-highway advertising-highway
¿A caso será mucho pedir que exista la posibilidad de poder leer, con toda la decencia del mundo, un simple documento de texto?
De igual modo, existen algunas prácticas que con el tiempo se han convertido en un estándar de facto y que convergen en casi la totalidad de sitios que precien de ser vanguardistas: la tipografía y el uso abuso de las imágenes y vídeos en alta definición. No me mal interprete, en realidad soy un gran admirador de la excelsa tipografía, desafortunadamente al día de hoy aún no existe una manera óptima de incluirla en las páginas web sin verse en la necesidad de ralentizar indirectamente el proceso de carga del contenido —y si se incluyen 2 o más variantes de ellas mejor ni le comento—. Lo mismo sucede con las imágenes. Al parecer muchos editores de distintos sitios web tienen la falsa sensación de autocomplacencia cuando se decantan por incluir imágenes colosales a modo de introducción o peor aún, la reproducción automática de vídeos a máxima calidad como único contenido —¿a caso pensaran que el dicho: «una imagen vale más que mil palabras» los eximirá de un escueto, intrascendente y ridículo remedo de artículo destacado dentro de una revista de renombre? ¿Resulta realmente indispensable que el lector pierda minuto y medio de mi tiempo para leer «algo» con no más de 200 palabras de contenido?—. De momento llevo en este recuento los siguientes factores:
  • Scripts que espían y rastrean a los visitantes.
  • Imágenes, videos y demás elementos decorativos superfluos e innecesarios.
  • Mensajes emergentes —popups— molestos e irritantes.
  • Anuncios publicitarios y prácticas deshonestas.
Muy a título personal, no puedo resignarme a la posibilidad de, una vez que el acceso a Internet se proporcione a través de fibra óptica de forma generalizada, visualizar anuncios publicitarios en 4K cada vez que pretenda leer la nota del día…
Sin embargo y muy a nuestro pesar, esto es únicamente la punta del iceberg. Si a lo anterior le agregamos las nuevas capas de DRM que megacorporaciones como Netflix y compañía pretenden implementar sobre un recurso desgastado y roto, como lo es Internet hoy en día, es posible concluir que uno de los más grandes inventos de la humanidad paso precisamente de ser eso a ser un verdadero despropósito… Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 4.0 Internacional. Licencia Creative Commons P. D. Quizás desee darle una oportunidad al complemento uMatrix, disponible para los navegadores Mozilla Firefox y Google Chrome, si se siente identificado o preocupado por algún aspecto indicado en el presente artículo.
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